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Jesus Remis

Occupation
No podemos discernir aquello en lo que el raciocinio no puede entrar, en aquello que la mente ni siquiera es capaz de definir, sin embargo continuamos, intentando comprender de manera humana algo que supera nuestra existencia física
-Jesus Remis
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CHUS EL HARRY

El espacio personal de Jesús Remis
January 06

Vida de usar y tirar


             Era triste sí, como mi vida, pero más triste me pareció sentir pena al desprenderme de un pequeño paquete de pañuelos de papel.

            Cuando salí de casa aquella mañana, coger un paquete de mini pañuelos extrasuaves marca Carrefour fue lo más importante que me había sucedido, habida cuenta del catarro que me llevaba corrompiendo varios días y de la reciente defunción de mis familiares. Mis padres, que fallecieron en un accidente de automóvil, dejaron a su único hijo seis mil euros, tres días de baja y un paquete de pañuelos.

            “Tres capas cien por cien celulosa”. Cuántas personas se habrán fijado en la pequeñas palabras de una ya de por si menguada bolsita de papeles para la nariz. No lo sé, pero mientras leía las recomendaciones del fabricante pensé: “¿recomendaciones del fabricante? Por Dios, que sólo son servilletas de celulosa”. Y sentado en una apretada butaca del autobús recordé a mi ex-novia. Ella me había dejado por otro hacía unas semanas, lo de siempre: ya no es como antes, ahora tu superficie está empapada, la celulosa irrita, te deshaces a la mínima y más que limpiar mocos, ensucias.

            Menos mal que aún me quedaban amigos. Luis, el alto bonachón y semiretrasado, el último de un paquete de cleenex antaño lleno, como el que entre mis manos había. “Diez unidades”, y tuve que sonreír. Ahora que nadie en casa me esperaba, que no había llamadas entrantes ni perdidas, me soné con el último de los extrasuaves pedazos de mi vida, con fuerza, como intentando desechar algo muy arraigado. Bajé del bus y antes de tirar el paquete de plástico vacío al suelo recapacité. Sobre la vida, las vueltas, los pañuelos de usar y tirar, los que están y los que no, sobre lo que aún me hace producir mucosa y lo fácil que es deshacerse de ella con un cleenex. ¿Para qué volver, para qué seguir viviendo? Si todos somos pequeños papeles de celulosa, unos cien por cien, otros de tres capas, recomendados o no, pero todos de usar y tirar.

            Al final, como era de esperar, me sorbí los mocos, arrojé el paquete vacío al suelo y lo pisé, como con orgullo, y me fui creyendo que todo funcionaría mejor desde entonces.

Jesús Remis

December 04

Las alas plateadas

 

Paisanaje y preludio mordaz

que rinde vasallaje a la belleza,

visión temerosa, ventisca olfativa,

percepciones del verde atardecer

en la tierra cultivada, fresca.

Girasoles que me dan la espalda con furia,

manzano que me da su mano.

Dirijo el ataque de unos tomates,

asesinos, verdes y fritos.

Las alas plateadas del avatar

de las tormentas prevalecen,

intermitentes,

alrededor de unos chopos

que cortan las nubes en su mecer.

 

 

 

Unos preciosos versos recatados

En Vega de Infanzones, 6 de Agosto de 2007

June 13

Soliloquios de un pensador chiflado

"Y en mi más insidiosa

indolencia accidental

recibí un pragmatismo

craneoencefálico"

                                                                  Gijón, 26 de Noviembre de 2007

 

 

En ocasiones uno se pregunta porqué es tan poco. Por qué es tan solo una persona, simple y sin más, insignificante y vacía. Por qué uno no puede ser la persona que guíe a la humanidad hacia el pensamiento perfecto, hacia la convivencia perfecta, el líder espiritual que necesita la gente que no sabe hacia donde se dirige.

Por eso soy tan poco, porque yo tampoco sé adonde me dirijo. Vagamos por la vida buscando otro pie al gato, sin preocuparnos de que no tiene porqué tener otro pie. Vemos solamente lo que nos permite no centrarnos en lo importante.

¿Qué es lo importante?

No creo que exista algo más importante que el momento. Es el único instante en el que firmemente se existe y se siente de verdad. Ni el recuerdo ni el deseo de lo que viene es tan siquiera un resquicio de lo que uno experimenta al preguntarse, al detenerse y hablarse a sí mismo, al decirse a uno mismo qué es lo que siente en este momento.

No siento felicidad ni odio, ni alegría ni tristeza, no siento envidia ni solidaridad. Sólo una cosa puede sentirse cuando uno, siempre que uno, se lo pregunta.

¿Qué siento en cada momento?

Siento vida.

Uno se pregunta por qué es tan poco. Es porque no sabe cuánto es.

 

- El mar es como la mente humana, sube, baja, se encabrita, se calma y dentro de poco no habrá vida dentro él.

 

¿Puede ser que nunca nadie hasta ahora haya dudado de sus propias palabras, de su propia verdad?

Cuando la incredulidad se acrecienta por doquier como un tumor visceral y coherente, uno no puede cejar en el empeño de buscar una verdad, única y plausible. Lógica.

Para ello duda de toda opinión subjetiva, de todo dato consensuado, de las estipulaciones convencionales. Uno debe buscar más allá, pero también debe darse cuenta de que ha de buscar más acá. Ha de dudar de su búsqueda, ya que no es más que otro inquilino supeditado a la transgeneración de las ideas, al eterno transcurrir y heredar de la existencia y la realidad estipulada.

Si nada es absoluto, como verdad, estas palabras tampoco lo son, como paradoja. Y si esto es así, es porque no lo es. Y viceversa.

 

- Somos como el escarabajo pelotero, dándole vueltas siempre a la misma mierda para que después se la terminen comiendo nuestros hijos.

 

El octavo chakra, tsédek y mispat, yad y sem, el A.D.N., la cuarta dimensión, los maestros masones y los chamanes. Tantas claves para tan poco misterio, tanta relación para tan poca conclusión. Cuánto tiempo estudiando, buscando indicios en lo oculto, en lo susceptible de malinterpretación.

Hiram de Tiro, Salomón, Sem, Ivrí, Osiris, Jacques de Molay, Jesús. Juan Matús, Paramahansa Yogananda, Sai Baba, Einstein, Platón, Da vinci, Yukteswar, Aristóteles. Jung, Freud, Gillighan, John Dee, Atanasius Kircher, Eward Kelley, Alystair Crowley, Hitler, Himmler, Churchil, Edgar Hoover, Kennedy. Tutankamón, Ramsés, el Rey Escorpión, Siddharta, Buda, Mahoma, Moisés,…

Cuánta Historia. Qué poca Historia. Cuánto nos quedó por saber o cuánto damos por hecho que sabían. El Nirvana, el Cielo, el Paraíso, Asgard, el Olimpo, la Isla de Pascua, los Vedas, Zeus, Yahvé, Alá. El Hijo del Hombre.

Mi mente naufraga a cada momento entre olas de datos, personas, dioses, milagros, sucesos y misterios, y no llega más que a la misma isla desierta.

Soy libre para viajar, pero no lo soy para elegir el destino de mi viaje.

Varado en la misma isla desierta de siempre, buscando comprender porqué me asedia un mar de dudas.

No sé si recogeré todo lo que siembre, ni si apaciguará mi calma a tantas olas.

 

- Si sientes que cada cosa que escribes es como un fósforo que se enciende e ilumina solo hasta que te quema los dedos, lo sueltas con un grito y se apaga, es que lo estás haciendo bien.

 

El recto camino es el más corto, pero no sabemos cuál de los dos es el más sencillo.

La filosofía dicta que el hombre debe deshacerse de sus emociones, abrazarse a la vía del no apego para conllevar una vida de satisfacción personal, espiritual. Un camino sencillo que para muchas personas es ni siquiera imaginable y, por ello mismo, difícil de conseguir. Sin duda alguna que la vida sencilla y humilde al paso del tiempo se hace monótona y complicada. También es correcto que una vida ajetreada, alocada y derrochadora resulta cansada. Y es por esto que el de vida sencilla desea vida complicada y que el ajetreado añore humildad.

Como la realidad es que deseamos siempre lo que no tenemos, el camino difícil siempre será intentar conseguirlo. El fácil sería resignarse.

¿Llevar una vida complicada y resignarse a ella no es acaso un camino difícil?

¿Llevar una vida sencilla y esforzarse cada día no es acaso un camino difícil?

¿Cuál es el camino fácil?

Es la ilusión que nos empuja a resignarnos o a revelarnos, ¿es fácil despegarse de algo preciado? ¿Es fácil sentir apego hacia algo odiado?

Mientras exista Yin y Yang, Amor y Odio, camino fácil y difícil, existirá la concepción de la vida como tal y no como vida en sí misma. Y si nos observamos al final, ¿cómo juzgaríamos nuestra vida?

¿Difícil, fácil?

Sólo vida.

El Yin y Yang son partes de la vida, no la vida en sí misma.

 

 Jesús Remis

- Revestidos

 

 

February 18

El amor en los tiempos del Siglo XXI

Suelo valerme de la poesía para expresar aquellas sensaciones que para mí superan el entendimiento racional, que son difícilmente narrables, describirlas con el lenguaje habitual. Por eso en ocasiones el lector no comprende o exclama ¡¿eso es todo?!

Porque cuatro, cinco o seis versos pueden llevar más sentimiento y pueden hacer comprender más que un extenso ensayo sobre la igualdad, la comprensión o el amor.

El amor.

¿Cuánta gente se despierta cada día enamorada?

Jamás un sentimiento tan desconocido y caprichoso fue tan global. Pero, ¿qué es? ¿Cómo reconocerlo? ¿Cuánto dura?

Son tantas las preguntas a las que no podemos responder que podríamos pensar que ni siquiera sea algo que existe de verdad.

Hay quien dice que el hombre da amor a cambio de sexo y la mujer sexo a cambio de amor. Yo creo que quien así piensa es porque el amor no le ha atrapado.

En algunas materias se utiliza la eliminación a la hora de definir términos o teorías complejas, también en este caso puede adaptarse. El amor no es atracción sexual (al menos no solamente) no es capricho pasajero ni estabilidad económica. El amor no es una buena apariencia ni un engaño perpetuo. No es algo trivial, acto casual o interesado.

Pero está ahí, como el viento, sin verlo. Podemos sentirlo, escucharlo.

Entonces, ¿será acaso una atracción superior a lo físico, una sensación superior al capricho que no busca ninguna estabilidad más que la emocional? ¿Será el amor una verdad absoluta (por no ser un engaño perpetuo), algo sumamente relevante?

El lenguaje poético es así, es el lenguaje de las interpretaciones líricas, del sentimiento. Unos versos no cuentan una crónica de sucesos palpables, intentará ejemplificar, desconcertar o hacer que se intuya el mensaje. También, según el autor y el momento, podrá ser sencillo y fácilmente comprensible, no por ello menos romántico o musical.

Me gusta estar enamorado, y lo estoy hasta los huesos. Estoy enamorado de la vida, de cada respiración, de cada sentimiento que expreso, del águila que sobrevuela los campos, del rechinar del camión de la basura. Un paseo campestre o una caminata urbana, disfruto a cada paso, en su caso.

  

Si no se puede vivir del amor,

tampoco es digno sin belleza.

Si no se puede vivir sin sabor,

tampoco es digno con tristeza.

  

La gente suele centralizar el sentimiento del amor en una persona de sexo opuesto (o no) con la que se comparten muchas cosas. También con familia, amigos y demás. Yo amo tantas cosas que las que aborrezco no me producen desasosiego. Pero no puedo decir que el sentimiento de estar enamorado, de compartir trayecto con una persona que te comprende y que pisa sobre tus huellas (y otras veces tú sobre las suyas), sea algo diferente al amor. Creo que es un gran punto de inflexión en la vida de las personas el momento en que lo sientes. A veces se deforma y se pierde, es una carretera sin asfaltar, cargada de guijarros y algún que otro canto rodado, pero no deja indiferente.

Mis versos en incontables ocasiones se han dirigido tanto al amor en general como al experimentado hacia una persona.

  

Alisios roces los de tu mano

sobre la espuma marina,

estáticos vientos del cambio

que tramontan nuestro destino.

Nubes llevadas por tu poniente y suavidad

en nuestra senda al barlovento.

Mi brisa de los vientos

de pasión monzónica,

tropical e indómita.

Te amo porque te veo,

y sé que tú me contemplas

desde donde estás,

por el ojo de la cerradura

de nuestro huracán.

 

a Brisa Mar

 

“Somos pequeños en nuestro amor. Es plancton, un pequeño puntito en el mar, pero que puebla todos los océanos. No se ve ni se toca, pero todas las criaturas se alimentan de ello, lo perciben. Es un diminuto moho, escamoso e insignificante, pero que cubre las rocas y montañas enteras, que llena de color las grises cumbres. Así es nuestro amor, insignificante para el mundo, pero se encuentra en todas partes. Nos alimenta y nos llena de color.”

  

Pero las palabras del sentimiento tienen mucho más que expresar que las de la razón, en este caso. Las metáforas, la rima, la musicalidad, la métrica y el juego de palabras consiguen rodear al lector de algo más, de una especie de complicidad, de comprensión sensorial ante lo impreso en los versos por el autor. Si esto es así, el poeta habrá conseguido su meta: inspirar su sentimiento a otros, hacer que personas que sienten identifiquen a partir de unos versos recitados algo que tienen o alguna vez tuvieron.

Eso, para mi, no tiene precio. Es parte de lo que nos hace ser humanos, el comprendernos unos a otros, el reflejar nuestra igualdad frente al odio y la inquina vecinal que puebla la sociedad de la competitividad, el consumo y la superioridad actual. Es un punto de inflexión.

  

La noche es nuestra manta,

la Luna nuestra lámpara,

nuestros cuerpos unidos son la belleza de la noche encarnada,

y nuestro amor es tan grande como la negrura de la noche oscura.

  

Un escritor dijo hace poco que “el que imagina una historia y convence a un montón de lectores es un poco Dios” (José María Guelbenzu). Yo quiero ir más allá, quiero que sientan lo que siente el personaje, el autor, que experimenten amor como Romeo y Julieta.

Pero en los tiempos del Siglo XXI el amor está levemente corrompido. Tal vez la idealización nos ha llevado a su caída. Al menos eso parece al dar un vistazo por la sociedad. El amor no es noticia y se ha desvirtuado hasta el punto de no contemplarse a la hora de forjar una relación o de deshacerla. El amor como apego existe y más que nunca, por eso se confunde tan a menudo con el deseo, con el apego.

Sin embargo el mítico sentimiento existe por cada persona que daría su vida por la felicidad de otra, por cada padre que se sacrifica por su hijo, por cada proeza de enamorado. Nada tiene mayor recompensa, por dura que haya sido la tarea, que ver reflejada en otra cara la sonrisa del amor.

 

- Revestidos

January 10

El Infinito cabe en un artículo de a Editorial de Revestidos

 

En estos festivos días he tenido el gran placer de participar como congresista en el I Congreso de la Asociación de Escritores Noveles, en Oviedo. Mucho se habló, y de seguro se hablará, acerca de temas importantísimos para el novel, de cuestiones que tal vez no estaban bien perfiladas para algunos de nosotros y que ahora tienen mayor claridad. Personalidades, he de decir, muy competentes y otros de menor reconocimiento pero igual competencia, supieron ofrecer todo lo que el escritor novel necesita. Todo esto preparado por una minuciosa organización sin la cual el orden y la completitud del Congreso no habrían tenido lugar, no al menos de una forma tan perfecta.

Pero no era mi intención con este artículo o reseña tratar lo que todos han tratado, incluso en prensa y televisión, sino lo que pasó inadvertido para esa máquina mediática. Tampoco hablar del Comité Organizador, Junta y Gobierno de AEN, que titánica labor realizaron, ni de los autores de renombre que apoyaron el acontecimiento. Esto lo harán otros con mayor criterio que servidor.

Entonces, pensarás, ¿qué narices vas a contarme?

Pues quiero mencionar a todos los socios (y menos socios) que como yo acudieron de manera anónima, amistosa, y con ansias de aprender al Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo en este codiciado puente de la Constitución.

Sé que estas personas pueden no parecer importantes, pero también puede parecerlo esta revista.

Y todo esto es por una simple razón, las jornadas han durado varios días y en ese tiempo ha transcurrido otro gran fenómeno: que una generación entera de (como decía una mujer chilena) escritores emergentes ha tomado contacto y consciencia de sí mismos. Y lo ha hecho desde la amistad y camaradería derivada de una comprensión mutua. (¿Nos llamarán en un futuro la generación del Congreso 2007? Quien sabe.)

Por eso mis líneas van dirigidas en honor y agradecimiento a personas (antes que escritores) con las que tuve el placer de interactuar. Como por ejemplo mis acompañantes de trayecto: el hombre que ha escrito el mejor libro de relatos de los últimos cincuenta años, el profesor de música que nos transportó a otro lugar con su buena fe y paciencia o cierto allegado al mundo de la televisión que en ocasiones tenía que agachar la cabeza.

También una pareja varada entre Galicia, León y Zaragoza nos deleitó con su alegría y candor. Nos acompañó una profesora avilesina muy agradable y simpática, el doble del hermano del maño que resultó ser malagueño.

No se preocupen ustedes que el orden de los factores no altera el producto.

Se encontraba un tocayo de nombre y profesión que residía en Madrid, el sevillano y su acento inconfundible que acompañó a una viajera chilena a su hotel.

No he de dejarme en el tintero (pese a lo breve del encuentro) a la joven de Lanzarote con la que comparto camaradas, a la finalista ex-economista presencial del premio Luis Adaro (sin ánimo de eclipsar al simpático ganador) o a esa otra deliciosa pareja proveniente de Málaga y (creo recordar) Valladolid frente a los que compartí llantar.

Y si me falla la memoria a tan sólo unas horas del contacto, no me adjudiquéis delito por omitiros en mi recuerdo o por no haber podido intercambiar unas palabras. Pero no he de olvidar a ese madrileño escritor de relatos ni a su rubia paisana. O, por ejemplo, la deuda contraída con cierta mujer de acudir a su conferencia/presentación cuando vuelva por Gijón.

Y con esta rima facilona pero encantadora (digo yo) se me acuerda un señor que nos hizo sentar en el suelo para presentar su libro, o aquella entrevista que nos hicieron casi como una pequeña mesa redonda a seis personajes del panorama, yo minúsculo entre ellos, con alarma de móvil como sonido de fondo.

Con otros más crucé conversación, algún reputado escritor ex–vegetariano o el afamado corrector afincado en Madrid a quien deseo lo mejor para su regalo de Navidad.

Perdónenme de nuevo si es que mi tintero aún alberga jugo y se queda seco, pero éstos han sido unos pocos de los muchos más que merecen mención (pese a ser de manera anónima) y a los que agradezco su presencia.

Para todos mucha suerte y que lo vivido en estos intensos días cale en ese pequeño corazoncito de escritor que todos llevamos dentro.

 

Noticias en La Voz de Asturias

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July 17

El sueño de Bradley

 

Bradley corría veloz, angustiado como una presa que huye aterrorizada de su perseguidor. Miraba hacia atrás esperando ver un animal, depredador terrible de colmillos tenebrosos y negras fauces. Pero no fue así. Sólo verde jungla devorada por una niebla que resquebrajaba su aterrorizado corazón. Apartaba hojas oscuras, de su cara, del camino indeciso que seguían sus piernas incansables, de un camino que no tenía principio ni fin. Ni pies ni cabeza. La desesperación le llegó como un escalofrío de pánico, con un murmullo de ramas por detrás de su galope. Dejó atrás a su propia respiración y desdeñó girar su cabeza hacia atrás. Hojas verdes, oscuras, cada vez más espesas impedían su veloz escapada cada vez con mayor intensidad. Una respiración furiosa y desasosegada se unió a sus talones. Apretó sus ojos para no ver nada, creyendo que desaparecería todo, pero siguió empleándose a fondo en su amarga huída.

  De repente su pie derecho no encontró suelo en el que pisar. Su izquierdo tampoco. Se precipitó violentamente hacia un terreno inexistente. Y cayó. Abrió repentinamente sus ojos, pero ahora no vio nada. Sólo claridad y caída libre hacia el vacío. Sentía el viento entre sus dedos, por el cuello y alrededor de sus piernas. Caía, pero no hacia abajo. No había debajo ni encima. Una fugaz sombra cruzó por su periferia. Se sobresaltó e intentó voltearse en medio de la vorágine de aires que le sostenían. Movió un brazo y la mano invisible del dios del viento le hizo dar la vuelta. Inmediatamente se sobresaltó, un terror innombrable, inenarrable, le atenazó tan fuerte que ni siquiera sus cuerdas vocales pudieron emitir chillido. La visión le pareció tan pavorosa, intrigante y espeluznante que trató de cerrar sus ojos. Pero ya estaban cerrados. La tensión se volvió ansiedad creciente, terror visceral, seguía precipitándose hacia ningún final bajo las figuras de cuatro número fatídicos de enormes dimensiones, como de cartón piedra, que le amenazaban. 2012. Fue tal el pánico que su garganta estalló, sus ojos se apretaron tanto que reventaron y encontró fin a su precipitada caída.

  Estaba en el suelo de la habitación. Una sensación de desorientación le abordó mientras se daba cuenta de que había tenido una pesadilla. De las gordas. Bradley era un joven peculiar que llevaba semanas teniendo un recurrente y angustioso sueño acerca de una figura terrible: los números 2012. Bradley no era guapo, ni fuerte. De hecho tenía de hombre más bien lo justo. Ésto en el año 2012 era ser completamente diferente a las corrientes de moda y de normalidad social, lo cual te brindaba la opción forzosa de marginarte con personas malcaradas, morlocks de una era en la cual, como en la antigua Grecia, se premiaba la belleza física por encima de cualquier valor anterior o tradicional. El joven ideal era un ser andrógino hormonado, una criatura genéticamente perfecta que rozaba el hermafrodita. Tanto la mujer como el hombre, en ocasiones, no se diferenciaban en más cuestiones que en las de la entrepierna. Y con dificultades. 

              El joven se incorporó apoyándose en la pared de su reducido piso. Una habitación de 15 metros cuadrados. Su cama se recogió automáticamente y la cocina entró en escena, en su lugar. Los pisos de 15 metros de Ikea revolucionaron la inmobiliaria y el aprovechamiento del espacio, años ha, tras la Tercera Gran Guerra. Ésta duró muy poco tiempo: comenzó con un golpe de estado en un país centroamericano hacía pocos años. Los Estados Unidos decidieron interesarse, pero se complicó y un conjunto de líderes comunistas de Sudamérica intervino. Europa dijo no, Rusia que sí, China se dividió apoyada por Japón. La India no quiso guerra, pero África sí. En pocos meses el presidente norteamericano optó por terminar la disputa soltando una de esas bombas que producen enormes hongos en el Caribe. Creyó que terminaría el conflicto, como en Hiroshima y Nagasaki, pero se equivocó, y en cuestión de meses principales capitales mundiales quedaron asoladas y miles de kilómetros de La Tierra infestados de radiación mortífera. Pero no fue el Armagedón. Ni mucho menos.

            Era el 22 de Diciembre de 2012. Hoy era el día en que se enfrentaría a la gran cifra que le abordaba durante pesadillas terroríficas. ¿Acaso tenía sueños premonitorios? Si le hubiera preguntado eso a algún parcelista (aquellos que debido a su capital podían permitirse una casa de 70 a 100 metros) seguramente le diría que no se puede soñar con un monitor. El montacargas de su bloque le dejó 25 pisos más abajo, donde estaba su empresa: una inmobiliaria. El espacio era tan reducido ahora en el planeta que una inmobiliaria era el negocio más rentable. Entre las crecidas marítimas provocadas por el deshielo de los polos, las zonas radioactivas, la baja mortalidad y la alta densidad de población, conseguir espacio vital era casi imposible. Salvo, claro, con dinero.

              Caminando por el estrecho pasillo en el que estaban las oficinas, Bradley se cruzó con dos muchachos sonrientes de maldad. Altos, con delicadas facciones, pequeños pechos incipientes, trasero respingón y largos cabellos.

  -         Hola Bradley – dijo uno con sorna - ¿qué tal está tu sensibilidad hoy?

  -    Vaya, creí que en un día como hoy dejarías de hacerme la eterna y diaria pregunta insulsa e intrascendental, ya sea por el fin de año, el fin del mundo o porque tus neuronas han encontrado la forma de crear pensamientos e ideas. Pero veo que – las caras de los jóvenes andróginos comenzaron a mostrar incomprensión – sobrevaloraba la capacidad del adolescente moderno creyéndole capaz de actos tan imposibles como oponerse a la doctrina y lo estipulado.

  -         Déjale, - dijo despectivamente el otro – no ves que es un pensante…

  Y se fueron orgullosos de ganar una batalla dialéctica importante, aunque sin conocer el significado de la palabra dialéctica. Los pensantes. Eran gente como Bradley, vilipendiada por su curiosidad y ansiedad por el saber, por su lógica, conocimiento y sabiduría. En el año 2000 hubiera sido un estudiante de carrera más, pero en el 2012 era un fuera de serie, un superdotado. Y un odiado trasgresor de los principios sociales. No se hormonaba, ni practicaba deportes de interior, no practicaba sexo insulso y consensuadamente ordenado. Sentía interés por artes pasadas como la física cuántica, la filosofía o lo paranormal, en lugar de sentirlo por la Intec: música tecnológica y virtual que, desde tu cuarto, te transportaba a fiestas perfectas con inyecciones de hormonas, estimulantes, alucinógenos y, si eras estúpido y cuasihermafrodita, al sexo.

  El trabajo de Bradley era investigar posibles fraudes de espacio bicuadrado o tridimensional. Ya que el espacio real era sumamente prohibitivo, la red virtual conocida vulgarmente como Internet cobró importancia vital para el negocio. Un mundo virtual lleno de espacios abiertos y vegetación daba cabida a millones de personas con ánimo de gastar su dinero.

Pero otros, personas más parecidas a él que a sus compañeros de trabajo, utilizaban sus conocimientos para destruir (virtualmente) espacios de multinacionales, ocupar mediante piratería propagandística los recovecos de programación dejados por los estandarizados técnicos dedicados al mantenimiento de la red. Heredaron el desaparecido nombre de “terroristas” ya que hacían perder en ocasiones cifras astronómicas a entidades magnas.

  El joven pensador podía realizar su monótono y castrante trabajo pese a las preocupaciones que le rondaban la cabeza. Una serie de sueños repetitivos, agónicos, en los que le asediaba una agobiante figura, digital, el 2012. Esa noche comenzaría el ansiado 23 de Diciembre de 2012, y con él la respuesta a sus tensiones espirituales. El 2012, a las 12 de la noche, el fin de todo un ciclo solar de más de 29.000 años, predicho como cambio en la evolución de pensamiento por los olvidados mayas… El 2012, el cumplimiento de las profecías religiosas de las nuevas sectas, la fecha tempestuosa donde se vería las caras con la plena verdad y sabiduría, con el final de un ciclo, el comienzo de otro. O una consecución lógica de acontecimientos, la nada, pasividad, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo como siempre.  

Volvió a su cuarto, nervioso y cabizbajo, mordiéndose las uñas, algo que había sido eliminado de la memoria colectiva. Reflexionaba. La tecnología y las nuevas artes virtuales avanzaban tan rápido que la única manera de prestarles la atención adecuada había sido eliminar materias elementales y conocimientos “no necesarios”. Así, mediante la eliminación de tantos principios básicos y de la Historia, Literatura y Filosofía, las nuevas generaciones estaban totalmente centradas en las, valga la redundancia, nuevas tecnologías. Ya no era necesario un grado de estudios que no fuese tecnológico, informático o electrónico. Salvo quizá algo que iba muy unido a los anteriores: economías, estadísticas y todo lo relacionado con el dinero y la población. Poco a poco al principio, y de manera más acelerada en los últimos tiempos, la memoria colectiva había sido eliminada, reformada y retocada a gusto de una sociedad virtualmente evolucionada. Virtualmente mejorada, donde todo era posible y, a la vez, era mentira.

Al igual que en el pasado existieron poetas que recitaban versos sin rima, sin métrica; como hubo tratados acerca de todo lo imaginable y libros hasta de Dios sabe qué cosas, también en el año 2012 Dios los criaba. Y ellos se juntaban. Bradley deseaba sentarse frente a su ordenador cada día para entablar contacto con Roxanne, una joven de cuatro bloques más al sur. Roxy proyectaba una imagen holográfica autodefinida, es decir, no utilizaba los cánones de imagen por defecto sino los suyos propios. Es como si a uno le propusieran convertirse en una persona bella, voluptuosa, sexy y con éxito y prefiriese mostrarse tal cual es. Bradley hacía lo propio. Puede que por eso no tuviesen más amigos adheridos a su cuenta. La imagen de Roxanne era la de una mujer diferente: no se depilaba, ni se maquillaba, llevaba ropa fuera de moda como una camiseta y una minifalda. Sus caderas eran anchas y sus pechos grandes y desiguales. Lucía pelo largo, oscurecido y liso que le resbalaba por la espalda y medio tapaba las pequeñas imperfecciones de sus carrillos, antes llamadas pecas. A Roxy le encantaba la poesía y cada día Bradley le regalaba los oídos recitando con su voz ajada e imperfecta poemas sacados de alguna biblioteca de contenidos ilegales. Aquel día sólo habló del 2012.

-         ¿Recuerdas las pesadillas que te he estado relatando tanto tiempo? – le dijo Bradley a la joven

-         Cómo olvidarlo – mientras sonreía – si no dejas de hablar de ello

-         Pero es que hoy es el día antes de…

-         Mañana. Hoy es el día antes de mañana – le interrumpió para quitar importancia- Tú mejor que nadie, y más que todos esos idealizados ilícidos mentalmente corrompidos, debería ser capaz de aplicar la lógica antes que la perspectiva de la realización de un sueño recurrente y fantástico. ¿Cuántas posibilidades hay de que un enorme número caído del cielo te aplaste?

-         Ay… - suspiró el chico, condescendiente – no es eso lo que temo. No sé qué es lo que he de temer, y eso me aterra.

-         Es una gran paradoja, sin duda – respondió Roxy con aires

-         Sí, pero de suceder algo, sin duda no hará realidad al sueño. Probablemente solo esté esperando a una correcta interpretación, de manera que pueda solventar algún problema de mi propia psique que me trae de cabeza…

-         Vaya, Freüd aún existe. Espero que no tenga tu problema nada que ver con tu miembro… - y se rió con esa vocecilla delicada que deshacía al inocente Bradley

-         Seguro que eres una experta en esas cuestiones – guiñó un ojo – y sólo estás a cuatro bloques de aquí. – Ambos rieron

-         Y qué es lo que dicen tus preciados hololibros acerca del tema, seguro que ya le has encontrado algún significado trascendental a la apremiante fecha del 22-12-2012.

-         Pues algo he encontrado, no de manera muy lícita, acerca del 2012. Fue tema de debate en diversos lugares y acontecimientos del año 2006. Y 2007. Por aquel entonces debieron correr ríos de teclas sobre el tema – en el 2006 poco se utilizaba la tinta, y en el 2011 ya ni siquiera el teclado.

-         Eres increíble. No quiero saber en qué videotecas o teletecas habrás estado insertado para dar con material de esa índole… - pero mostró interés

-         Muchos vaticinaron un cambio de pensamiento global, se basaban en cálculos astronómicos, en las profecías coincidentes de las antiguas culturas sudamericanas. Algo así como un despertar espiritual, una evolución… - hizo una pausa reflexiva – No sé, puede que estemos ante un momento histórico, a nivel de nuestra propia existencia.

-         Si estás en lo cierto, cada vez queda menos tiempo para comprobarlo…  

Llamaron a la puerta del montacargas del cuarto. Bradley, sorprendido, se disculpó ante Roxanne esperando encontrarla tras la puerta. Pero lo que vislumbró tras el visor fueron las figuras de dos personas. De oscuro traje verde y blanquecina faz. “¡Tenemos permiso para registrar sus holodatos!”. Y con la última letra en la boca del mandatario antiterrorista, Bradley ya estaba dispuesto a todo.

Le habían descubierto. Día tras día descargaba información comprometida y se engañaba a sí mismo diciéndose que no pasaría nada, pero en lo más profundo, puede que no tan hondo, sabía que cualquier día aparecerían dos figuras tras su puerta. Era el momento de la verdad, el momento de una decisión que en sus sueños ya había tomado. Miró hacia el holograma de Roxy y empujó la puerta con todas sus fuerzas. Los brigadas, cogidos por sorpresa, observaron atónitos cómo un joven escuálido les atropellaba cual estampida y se alejaba por los estrechos pasillos.  

Bradley corría veloz, angustiado como la presa que era de los depredadores sociales. Miraba hacia atrás esperando ver un animal, depredador terrible de colmillos tenebrosos y negras fauces. Pero no fue así. Sólo el fondo de un claro pasillo y, tras de sí, un par de oscuras y góticas figuras esmeralda. En ningún momento los hombres de verde trataron de disuadirle, de proponerle un trato, una detención. Sólo rostros firmes, casi endiablados, como animales en plena caza. Un escalofrío le recordó cierto sueño recurrente y aceleró su carrera. Ya no sentía ni cansancio, dolor o fatiga, tal vez algo de velocidad, pánico e incertidumbre. Paredes lisas y escaso espacio, esquivando y golpeando puertas que se abrían. Avanzaba torpemente hacia un espacio infinito frente a él, separando puertas atropelladamente. Un murmullo tras su cabeza le recordó a las malignas y furiosas fuerzas que le asediaban. Casi le tenían. Cerró los ojos fuertemente, sin desfallecer en su carrera, y apuró su aliento hasta límites superhumanos. Corrió como jamás en su vida, como en sueños si cabe, movía sus extremidades rítmicamente, escapando de…ellos. Apretó los ojos, un poco más, se dijo.  

Y su pie izquierdo tropezó con algo. Sus brazos, instintivamente, se fueron adelante y cruzó una superficie escamada. Su derecho voló por encima de sus pasos y se propulsó hacia delante. Hacia la nada. Se precipitó violentamente hacia un terreno inexistente. Y cayó. Abrió repentinamente sus ojos, pero ahora sí que vio. Claridad y caída libre hacia el suelo. Sentía el viento entre sus dedos, por el cuello y alrededor de sus piernas. Caía, y lo hacía definitivamente. Una fugaz sombra cruzó por su periferia. Estaba tranquilo, pero quiso ver el número, movió sus extremidades como un paracaidista guiado por la rosa de los vientos y se encaró con el cielo. Ahora ya no había suelo al que llegar en caída libre, ni número maldito y aterrador. Una luz extraña, en forma de aro, le enfocó desde el sol. Era un eclipse. Total. La sombra proyectada por la pequeña masa planetaria era mancillada solamente por un pequeño haz de divina claridad que parecía enfocarle, supervisar su viaje. Sintió paz y sonrió. Un gozo inexplicable para la palabra, indefinible para los diccionarios y holotecas abordó el espíritu de Bradley mientras aún el móvil aire se disputaba la permanencia de su posición. La visión fue tan perfecta que quiso cerrar los ojos de felicidad, pero ya estaban cerrados. El gozo le tranquilizó y se volvió amor infinito hacia el Todo, que proyectó en su precipitado deslizamiento hacia ningún final, frente al comienzo.

Fue tal la sabiduría que su cerebro estalló, y su consciencia se expandió tanto que reventó, fue diseminada por doquier y esparcida por un viento elíptico, áureo; y encontró fin a su precipitada caída.

  

Jesus Remis

- Revestidos

 

 
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